The Cross of Forgiveness
Why should we forgive those who hurt us? This Sunday's Gospel gives us three reasons: First, because Jesus commands it. Second, because forgiveness is part of loving one another. And third, because we want to be forgiven for our sins.
Obviously, Jesus expects us to forgive one another. In this passage, he commands us to forgive without ceasing, without limit. That might be a challenge for even the most patient people. So, does forgiveness exclude tough love? Does it mean we should let someone hurt us again and again? No. It is possible to forgive someone and also prevent them from hurting us, if we do so with love (the second reason). For example, we can forgive an alcoholic relative but still insist that they seek help. We can forgive a son or daughter who breaks the law but still let them face the consequences so they learn from their mistake. We can forgive a friend who borrows money without paying it back and also refer them to a credit counselor instead of lending them more money. Since forgiveness is part of love, it is also part of tough love.
That leads to the third reason: we forgive because we want to be forgiven. Or more accurately, we forgive because we have been forgiven. Jesus already died for our sins. His resurrection shows us that the Father accepted the sacrifice of his Son Jesus for our sins. If we truly believe that Jesus rose again and that we will rise with him to eternal life despite our sins, how can we refuse to forgive someone who hurts us? When we promise to take up the cross each day and follow him, we must remember why Jesus took the cross and realize that we must forgive as he forgives. That's why the cross is such a powerful symbol. It asks us to accept suffering for Jesus' sake. It reminds us that sometimes the cross is simply about forgiving someone rather than hurting or hating them. If Jesus gave his life to forgive us, are we willing to spread that forgiveness far and wide?
Vigésimo-Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario
La Cruz del Perdon
¿Por qué debemos perdonar a quienes nos lastiman? El evangelio de este domingo nos da tres razones: Primero, porque Jesús lo manda. Segundo, porque el perdón es parte de amarse unos a otros. Y tercero, porque queremos ser perdonados por nuestros pecados.
Obviamente, Jesús espera que nos perdonemos unos a otros. En este pasaje nos manda a perdonar sin cesar, sin límite. Eso podría ser un reto incluso para las personas más pacientes. Entonces, ¿el perdón excluye el amor duro? ¿Significa que debemos dejar que alguien nos lastime una y otra vez? No. Es posible perdonar a alguien y también evitar que nos haga daño, si lo hacemos con amor (la segunda razón). Por ejemplo, podemos perdonar a un familiar alcohólico, pero aun así insistimos en que busque ayuda. Podemos perdonar a un hijo o una hija que infringe la ley, pero todavía dejar que afronte las consecuencias para que aprenda de su error. Podemos perdonar a un amigo que pide dinero prestado sin devolverlo y también remitirlo a un asesor de crédito en lugar de prestarle más dinero. Dado que el perdón es parte del amor, también es parte del amor duro.
Eso lleva a la tercera razón: perdonamos porque queremos ser perdonados. O más exactamente, perdonamos porque hemos sido perdonados. Jesús ya murió por nuestros pecados. Su resurrección nos muestra que el Padre aceptó el sacrificio de su Hijo Jesús por nuestros pecados. Si verdaderamente creemos que Jesús resucitó y que resucitaremos con él a la vida eterna a pesar de nuestros pecados, ¿cómo podemos negarnos a perdonar a alguien que nos lastima? Cuando prometemos tomar la cruz cada día y seguirlo, debemos recordar por qué Jesús tomó la cruz y darnos cuenta de que tenemos que perdonar como él perdona. Por eso la cruz es un símbolo tan poderoso. Nos pide aceptar el sufrimiento por causa de Jesús. Nos recuerda que a veces la cruz es simplemente perdonar a alguien en lugar de lastimarlo u odiarlo. Si Jesús dio su vida para perdonarnos, ¿estamos dispuestos a difundir ese perdón por todas partes?